PLATAFORMA DE AVIVAMIENTO

“Si una crisis provoca un avivamiento del Espíritu, no se le puede llamar crisis, sino bendición”. Miler Montoya

A la Iglesia Amada, la pandemia actual no vino para destruirnos, sino para renovarnos y llevarnos a otro nivel. Bíblicamente, el reino crece bajo presión y las aflicciones del tiempo presente producen un más excelente peso de gloria.

Los hombres generadores de avivamiento en la historia tenían una cualidad indispensable: hambre insaciable por la presencia De Dios. Esta hambre no era despertada por una prosperidad, sino por la crisis, la destrucción, el dolor, la cautividad, una hambruna o un apagón espiritual. La prosperidad material provoca comodidad en el pueblo de Dios, más el dolor y los procesos de cambios lo llevan a buscar el rostro De Dios.

Avivamiento es “volver a dar vida” a algo que la tenía o se estaba apagando. Es como tener un fuego, que por alguna razón se apaga y luego hay que avivarlo. Fuego apagado que no se reconoce nunca será avivado. Avivamiento que no se concibe en el espíritu nunca será buscado. En otras palabras, si no reconocemos “profundamente” la necesidad de buscar a Dios desesperadamente, nunca veremos el avivamiento. El avivamiento no viene por una proclamación, ni por un deseo. El avivamiento viene por corazones rendidos 100%, que buscan a Dios desmedidamente. El problema no es si deseamos un avivamiento. La pregunta es ¿Tenemos el hombre suficiente para provocarlo? ¿Cual es nuestro nivel de hambre y sed por Dios?

Al Avivamiento le precede la acción de búsqueda. Esa acción de búsqueda es provocada por la ruina, la destrucción, los sufrimientos, el cautiverio y el dolor. Antes de haber un Pentecostés, hubo una muerte y una resurrección. El proceso del sufrimiento de Cristo preparó al pueblo para el peso de gloria en el derramamiento del Espíritu.

El propósito de la crisis

Muchos hombres no ven la necesidad de un avivamiento, y duermen en la cama de la comodidad. Hay hombres tan duros que ni con catástrofes se arrepienten. Más sin embargo, la crisis juega un papel importante en el hombre. La mejor manera de despertar a alguien que está durmiendo profundamente es sacudiéndolo. La crisis sacude (despierta) a los que están dormidos. Cómo la pandemia, que vino a sacudir muchas cosas.

Es aquí, que lo que no queremos se convierte en una necesidad. Ya que sirve como iniciadora y propulsora de búsqueda del hombre al reino de Dios. No es una regla, pero si un patrón. Nadie quiere crisis, pero son necesarias. Por eso, el apóstol Pablo cita:

“confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”. Hechos 14:22

Pedro también cita algo parecido:

En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas,

1 Pedro 1:6

El propio Jesús un día dijo lo siguiente:

!!Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero !!ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!

Mateo 18:7

La palabra clave en estos tres pasajes es la palabra necesario. Cuando algo es necesario se convierte en algo indispensable e imprescindible. Nadie quiere tribulaciones, ni aflicciones ni tropiezos, pero son necesarias. Estas tres palabras se pueden reducir en una sola: crisis. La crisis es un problema, conflicto, situación delicada o un cambio importante en el desarrollo de un proceso que produce inestabilidad. ¡Nadie quiere esto! Pero son necesarias. Lo necesario como el agua, el oxígeno y la comida es inevitable para vivir. Y si la palabra de Dios, está poniendo la “crisis” en la categoría de las cosas “necesarias”, hay que volver a replantear conceptos y la forma como la vemos. Si la crisis es necesaria (imprescindible) para mi vida, yo no la puedo llamar problema, sino bendición. Usted me dirá ¿Cómo puede ser una bendición cuando en una crisis hay muchas pérdidas? Lo que para nosotros es una pérdida, para Dios puede ser una ganancia. Lo otro es, si no hay nada que nos sacuda, nos perderemos.

La salvación es gratis, pero el precio a pagar está en el servir al Señor. Hay que dejarlo todo.

Si tenemos un apagón espiritual, caerán muchas cosas en el mundo. Si la luz se pone debajo de la mesa o si se deshiciere la sal, el mundo quedará en oscuridad, sin valor con una necesidad profunda. Alguien dijo: “que el problema del mundo no es la presencia del impío (oscuridad) sino la ausencia de justo”. Es fácil decir que el mundo se caiga porque todos nos vamos al cielo. Más, ¿Dónde está nuestro asignación de ser sal y luz del mundo? En este caso ¿Quien tiene que despertar, la Iglesia o el mundo? El mundo no puede despertar porque está muerto. La Iglesia es la única que puede despertar, el mundo necesita resucitar, venir a la vida en Cristo.

Desde este punto, surgen muchas preguntas. Porque el juicio (orden) comienza por casa. Así que el sacudimiento (crisis) viene para despertar a la Iglesia y para llamar al mundo a un arrepentimiento. Por eso, digo yo, que la pandemia (crisis provocadora de avivamiento) vino a revelar:

• El fundamento

• Las raíces del corazón

• La madurez

• Nuestra fallas y grietas

• Nuestros motivos

• Y si estábamos o no haciendo el trabajo que se nos encomendó.

• Nuestras rutinas y tradiciones que no sirven.

También vino a renovar muchas cosas que estábamos haciendo dentro del reino. La Iglesia en términos generales estaba metida en muchas actividades fuera del propósito de Dios. Lo que está fuera del propósito en el cielo es un fracaso aunque en la tierra sea un éxito. Dios nos puso a ganar almas, hacer discípulos y a establecer su reino. A parte de eso, creo que Dios nos está llamando a volver al origen de las casas, porque las familias estaban muy descuidadas. A afilar nuestra estrategias, a reinventarnos, examinarnos y a volvernos a él de todo nuestro corazón. Pero todavía hay un grupo de insensibles, indolentes no a los sufrimientos del mundo, sino a la voz de Dios.

Creo firmemente, que la pandemia vino a provocar una renovación de los odres, para que el vino nuevo del Espíritu, sea derramado.

Un mundo irreversible

El mundo y sus formas jamás serán igual. Esto marca un antes y un después de la humanidad. Debemos de aceptarlo para poder seguir adelante. Extrañemos cómo vivíamos antes, pero debemos de seguir adelante. Muchos están esperando que todo vuelva a la normalidad. Más vamos de vuelta a la A-NORMALIDAD. La forma como nos relacionamos, la forma como hacemos culto, la forma como evangelizamos, la forma como nos comunicamos, etc., van a cambiar y serán diferentes a cómo las hacíamos antes. El mundo no será igual, pero no quiere decir que la vida se va a detener. Mientras estemos en este mundo, habrá una misión que cumplir.

Nuevos horizontes y nuevas formas

Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; Mas los impíos caerán en el mal.

Proverbios 24:16

La palabra caer viene de una palabra hebrea que significa: “postrado”. Más la palabra levantarse es más poderosa; viene de la palabra hebrea “quwm” que significa: venir a ser poderoso, pararse firme, de nuevo, continuar, firmeza. Las caídas del justo tiene un propósito y lo hacen más poderoso, más firme y capacidad.

Lloremos, extrañemos pero ideemos. Nuestros cerebro deben de estar pensando en las nuevas modalidades que van a tomar lugar en la era post pandemia. El mal no tiene la última palabra. La última palabra la tiene Dios. Oremos a Dios que nos brinde siete elementos importantes:

1. Capacidad de orar en medio de todo.

2. Nuevas habilidades y entrenamientos.

3. Nuevas estrategias de alcance.

4. Nuevas formas aceleradas de hacer misiones.

5. Unción para predicar en las redes sociales: poder para impartir.

6. Un equipo de líderes con mente abierta.

7. Un corazón insaciable para provocar el último y gran avivamiento en las naciones.

“Antes de orar por el avivamiento, debemos de orar por el corazón que lo provoca”.

Una Iglesia indestructible

Así que, las crisis y los sufrimientos juegan un papel importante en nuestras vidas. No podemos ignorarlo, ya que hasta para llorar hay un tiempo. El 2020 comenzó con furia en cuanto problemas mundiales. Luego la pandemia azotó al mundo con temor y muchas muertes. Paralizó muchos mundos dentro del mundo. Más el reino de Dios es inconmovible, indestructible y eterno. Aunque muchas cosas sean diferentes, recordemos las palabras de Jesús:

“Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. Mateo 16:18

La Iglesia es imparable por el ADN de inmortalidad que tiene por el Cristo que la habita. Sea lo que sea, pase lo que pase, nada podrá detener la victoria de un pueblo poderoso. Fuimos destinados a heredar el reino, y el mismo Dios nos llama: MÁS QUE VENCEDORES. No anhelemos volver a lo mismo, anhelemos algo mejor, algo mucho más excelente, mucho más poderoso, mucho más glorioso. Es tiempo de anhelar cosas mayores, cosas que ojo no vio, ni oído oyó. Que nuestros corazones clamen para ver cosas grandes y ocultas que no conocemos todavía. Dios se quiere derramar sobre el mundo y está buscando vasijas espirituales que sirvan como instrumento para que esto ocurra. Este es el tiempo del Espíritu Santo, este es el tiempo de la Iglesia sobre y para el mundo.

Dios les bendiga y gracia por leer. Déjenos sus comentarios.

Miler Montoya

http://www.milermontoya.org

E-email: milermontoyam@hotmail.com

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